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La Matutina Digital
¿Oxitocina o Cortisol?
Por: Katherine Ruiz - Ecuador
Isaías 41:10
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
Dios creó nuestro cuerpo con una sabiduría tan profunda que incluso nuestras emociones tienen un lenguaje propio. Cuando vivimos confianza, afecto y seguridad, liberamos oxitocina, una hormona que nos permite conectar, bajar la guardia y sentirnos amados.
Pero cuando enfrentamos presión, culpa, rechazo o miedo, aparece el cortisol: la hormona del estrés que activa defensa, alerta y tensión. Y algo importante sucede aquí: cuando el cortisol está alto, la oxitocina no puede funcionar plenamente. Por eso, cuando vivimos en estrés constante, no solo nos desconectamos de los demás, también comenzamos a desconfiar incluso del amor de Dios.
Después de ver muchos videos virales de jóvenes que se alejaron de Dios, comprendí que la mayoría no se fue porque dejara de amarlo, sino porque llegó a creer que Dios ya no los amaba más a ellos: por errores que sintieron imperdonables, por heridas dentro de la iglesia o por cargas emocionales que les hicieron sentir que ya no tenían lugar.
Y ahí surge una pregunta profunda: ¿Estamos siendo oxitocina que abraza, escucha y restaura, o cortisol que juzga, presiona y aleja? Jesús nunca activó temor; siempre fue un lugar seguro incluso para los rotos.
Comprender cómo funcionamos emocional y espiritualmente nos invita a regular el miedo, a sanar por dentro y a convertirnos en refugio, no en carga, para que el amor perfecto siga echando fuera todo temor.
Pero cuando enfrentamos presión, culpa, rechazo o miedo, aparece el cortisol: la hormona del estrés que activa defensa, alerta y tensión. Y algo importante sucede aquí: cuando el cortisol está alto, la oxitocina no puede funcionar plenamente. Por eso, cuando vivimos en estrés constante, no solo nos desconectamos de los demás, también comenzamos a desconfiar incluso del amor de Dios.
Después de ver muchos videos virales de jóvenes que se alejaron de Dios, comprendí que la mayoría no se fue porque dejara de amarlo, sino porque llegó a creer que Dios ya no los amaba más a ellos: por errores que sintieron imperdonables, por heridas dentro de la iglesia o por cargas emocionales que les hicieron sentir que ya no tenían lugar.
Y ahí surge una pregunta profunda: ¿Estamos siendo oxitocina que abraza, escucha y restaura, o cortisol que juzga, presiona y aleja? Jesús nunca activó temor; siempre fue un lugar seguro incluso para los rotos.
Comprender cómo funcionamos emocional y espiritualmente nos invita a regular el miedo, a sanar por dentro y a convertirnos en refugio, no en carga, para que el amor perfecto siga echando fuera todo temor.
Vuelve hoy al abrazo de Dios. No importa lo que hayas vivido: Su amor sigue intacto. Da un paso hacia Él y descubre que nunca dejó de esperarte.
Comentarios (1)
Hallo, ek wou jou prys ken.
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