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La Matutina Digital
Creer: sí, pero, ¿Cómo?
Por: Christian Zambrano Funes - Ecuador
2 Corintios 5:17
Por tanto, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
El enemigo busca confundirnos haciéndonos creer que podemos seguir llamándonos cristianos sin permitir que Dios transforme nuestra vida. Nos susurra que la fe puede existir sin arrepentimiento, que la paz no requiere obediencia y que basta con creer para agradar a Dios. Pero esa no es la verdad que encontramos en Su Palabra.
La verdadera fe no es solo aceptar que Dios existe; es confiar en Él de tal manera que cada pensamiento, decisión y acción reflejen Su voluntad. Dios no desea una fe limitada a palabras o emociones pasajeras. Él anhela un corazón humilde, dispuesto a reconocer su pecado, volver a Sus caminos y caminar cada día en santidad.
La paz que Cristo ofrece no es como la del mundo, que intenta silenciar la conciencia sin resolver el problema del pecado. Es una paz profunda que nace de vivir en comunión con Dios, de experimentar Su perdón y de andar conforme a Su voluntad. Cuando Su luz habita en nosotros, las tinieblas ya no pueden gobernar nuestro corazón; Su Espíritu nos impulsa a abandonar todo aquello que nos aleja de Él.
Hoy preguntémonos con sinceridad: ¿estamos creyendo según las ideas del mundo o viviendo la fe que Dios espera, con un corazón arrepentido y obediente? Él nos recibe con amor tal como somos, pero nos ama demasiado como para dejarnos igual. Su deseo es transformarnos cada día a la imagen de Cristo.
La verdadera fe no es solo aceptar que Dios existe; es confiar en Él de tal manera que cada pensamiento, decisión y acción reflejen Su voluntad. Dios no desea una fe limitada a palabras o emociones pasajeras. Él anhela un corazón humilde, dispuesto a reconocer su pecado, volver a Sus caminos y caminar cada día en santidad.
La paz que Cristo ofrece no es como la del mundo, que intenta silenciar la conciencia sin resolver el problema del pecado. Es una paz profunda que nace de vivir en comunión con Dios, de experimentar Su perdón y de andar conforme a Su voluntad. Cuando Su luz habita en nosotros, las tinieblas ya no pueden gobernar nuestro corazón; Su Espíritu nos impulsa a abandonar todo aquello que nos aleja de Él.
Hoy preguntémonos con sinceridad: ¿estamos creyendo según las ideas del mundo o viviendo la fe que Dios espera, con un corazón arrepentido y obediente? Él nos recibe con amor tal como somos, pero nos ama demasiado como para dejarnos igual. Su deseo es transformarnos cada día a la imagen de Cristo.
La fe sin arrepentimiento es como un árbol sin raíces: parece firme, pero no puede dar fruto ni resistir la tormenta.
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