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La Matutina Digital
Todo bien, en sus manos.
Por: Christian Zambrano Funes - Ecuador
1 Samuel 30:6
David ahora se encontraba en gran peligro, porque todos sus hombres estaban muy resentidos por haber perdido a sus hijos e hijas, y comenzaron a hablar acerca de apedrearlo. Pero David encontró fuerzas en el Señor su Dios.
Deseo iniciar esta meditación con las últimas palabras de este versículo: "Pero David encontró fuerzas en el Señor su Dios". A veces suceden cosas que rompen nuestros planes y nos dejan sin palabras, momentos en los que el dolor golpea con mucha fuerza y la mente intenta buscar respuestas que no llegan pronto.
Hace unas semanas, mi hermano se encontraba participando en una campaña evangelística al aire libre, compartiendo con alegría y fe el mensaje de salvación, cuando de repente, sin esperarlo ni haber hecho nada malo, una bala perdida lo alcanzó en el cráneo, cambiando nuestra realidad en un solo instante. En el momento en que estoy escribiendo esto, él sigue sedado e intubado, luchando valientemente por su vida en una cama de hospital, rodeado de equipos médicos y de un silencio que a veces pesa demasiado en el corazón y en la mente de todos nosotros.
Reconozco que el miedo ha tocado mi puerta en muchas ocasiones: temor al diagnóstico, incertidumbre sobre qué pasará mañana o si veré nuevamente su sonrisa o su caminar firme. Sin embargo, al recordar estas palabras poderosas, en las que David se sintió acorralado pero decidió fortalecerse en el Señor, he aprendido que confiar en él es aceptar su voluntad perfecta, incluso cuando no entendemos los motivos. Y estoy seguro de que, pase lo que pase, el resultado final será para su gloria y nuestro bien.
Hace unas semanas, mi hermano se encontraba participando en una campaña evangelística al aire libre, compartiendo con alegría y fe el mensaje de salvación, cuando de repente, sin esperarlo ni haber hecho nada malo, una bala perdida lo alcanzó en el cráneo, cambiando nuestra realidad en un solo instante. En el momento en que estoy escribiendo esto, él sigue sedado e intubado, luchando valientemente por su vida en una cama de hospital, rodeado de equipos médicos y de un silencio que a veces pesa demasiado en el corazón y en la mente de todos nosotros.
Reconozco que el miedo ha tocado mi puerta en muchas ocasiones: temor al diagnóstico, incertidumbre sobre qué pasará mañana o si veré nuevamente su sonrisa o su caminar firme. Sin embargo, al recordar estas palabras poderosas, en las que David se sintió acorralado pero decidió fortalecerse en el Señor, he aprendido que confiar en él es aceptar su voluntad perfecta, incluso cuando no entendemos los motivos. Y estoy seguro de que, pase lo que pase, el resultado final será para su gloria y nuestro bien.
Por muy grande que sea la prueba, recuerden: Dios nunca abandona a quienes confían en Él; su paz guarda su corazón y su amor es la fuerza que los sostiene en cada paso del camino
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