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Por: Diego Vera - Ecuador
1 Corintios 11:1
Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.
¿Cómo quién querías ser cuando eras niño o adolescente? Piensa en ese personaje, real o ficticio, en lo que te atrajo de él y por cuánto tiempo lo admiraste. Ahora bien, en un símil aplicado a la actualidad, ¿cómo quién quieres ser?
La exhortación de Pablo en su Primera Carta a los Corintios es bastante clara. Pablo, lejos de solicitar que se siguiera su propio ejemplo en cuanto a conducta, pensamientos e intenciones, promueve ser como Cristo.
Esto, porque Él, en Su estadía por la tierra, procuraba una relación íntima y personal con Su Santo Padre, lo cual, además de inyectarle vigor y paz, lo habilitaba y movía para ser el perfecto Emanuel, Dios con nosotros; Aquel que no se limitaba a sanar el cuerpo, sino el alma por completo.
Tal vez lo hayas notado, pero es importante decirlo: este mundo necesita de Dios. Requiere de personas transformadas por Su misericordia y que propaguen el amor de Su perfecto Maestro. Y esto solo se experimenta caminando día a día con Él.
En contraste con lo que muchos piensan, adoptar el carácter de Jesús no es fácil. ¿Sabes lo difícil que es seguir a Jesús en un mundo que no se parece a Él? ¿Sabes lo que cuesta dejar de pensar solo en ti, abandonar el orgullo, «los placeres de la vida», renunciar al boato, morir al yo y entregarte por completo a Dios? ¿Y eres consciente de lo que significa tratar de dejar todo eso con tus propias fuerzas, sin que la persona de Jesús intervenga?
La exhortación de Pablo en su Primera Carta a los Corintios es bastante clara. Pablo, lejos de solicitar que se siguiera su propio ejemplo en cuanto a conducta, pensamientos e intenciones, promueve ser como Cristo.
Esto, porque Él, en Su estadía por la tierra, procuraba una relación íntima y personal con Su Santo Padre, lo cual, además de inyectarle vigor y paz, lo habilitaba y movía para ser el perfecto Emanuel, Dios con nosotros; Aquel que no se limitaba a sanar el cuerpo, sino el alma por completo.
Tal vez lo hayas notado, pero es importante decirlo: este mundo necesita de Dios. Requiere de personas transformadas por Su misericordia y que propaguen el amor de Su perfecto Maestro. Y esto solo se experimenta caminando día a día con Él.
En contraste con lo que muchos piensan, adoptar el carácter de Jesús no es fácil. ¿Sabes lo difícil que es seguir a Jesús en un mundo que no se parece a Él? ¿Sabes lo que cuesta dejar de pensar solo en ti, abandonar el orgullo, «los placeres de la vida», renunciar al boato, morir al yo y entregarte por completo a Dios? ¿Y eres consciente de lo que significa tratar de dejar todo eso con tus propias fuerzas, sin que la persona de Jesús intervenga?
No estás abandonado. Solo una vida que tenga a Cristo como centro puede ser partícipe del gozo, la esperanza, y todas sus promesas. Una vida transformada es el mejor sermón que se puede predicar.
Comentarios (1)
Hallo, ek wou jou prys ken.
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