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La Matutina Digital
El porqué de Jesús.
Por: Susana Montenegro - Argentina
Jeremías 29:11
Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis.
Es impresionante el poder de las palabras, especialmente la palabra de Dios; ella me da aliento, fuerza, esperanza, paz y sana mis heridas. Sin embargo, a veces mi expectativa choca con la dura realidad. A pesar de mis esfuerzos por hacer el bien, parece que nada mejora; al contrario, los días se vuelven agotadores.
¿Cómo no sentirme confundido y desilusionado ante la injusticia o un maltrato cuando mi intención era ayudar? Es frustrante querer entregar lo mejor a Jesús y al mismo tiempo ver un camino lleno de obstáculos. Esta constante contradicción me lleva a preguntarme: ¿Por qué?
El mundo a menudo parece carecer de sentido. La ausencia de respuestas claras sobre por qué las cosas van mal, incluso para quienes actúan con bondad, resulta incomprensible. La vida sería mucho más sencilla sin valles, dolor y necesidades, o si al menos conociéramos el propósito detrás de cada experiencia difícil.
Pero he llegado a entender algo crucial: no debo permitir que la incapacidad de encontrar a Dios en medio de la prueba me derrote. Es esencial tener FE, creer que Dios está allí y que todo pasará.
Cuando el corazón dude y la mente se aflija, puedo confiar en Dios, mi Padre y Creador, quien me ama y me invita a no buscar entenderlo todo; solo debo confiar, enfocarme en Jesús y dejar que su palabra recobre su sentido pleno en mi vida. Porque, al final, su plan siempre será mejor de lo que esperamos.
¿Cómo no sentirme confundido y desilusionado ante la injusticia o un maltrato cuando mi intención era ayudar? Es frustrante querer entregar lo mejor a Jesús y al mismo tiempo ver un camino lleno de obstáculos. Esta constante contradicción me lleva a preguntarme: ¿Por qué?
El mundo a menudo parece carecer de sentido. La ausencia de respuestas claras sobre por qué las cosas van mal, incluso para quienes actúan con bondad, resulta incomprensible. La vida sería mucho más sencilla sin valles, dolor y necesidades, o si al menos conociéramos el propósito detrás de cada experiencia difícil.
Pero he llegado a entender algo crucial: no debo permitir que la incapacidad de encontrar a Dios en medio de la prueba me derrote. Es esencial tener FE, creer que Dios está allí y que todo pasará.
Cuando el corazón dude y la mente se aflija, puedo confiar en Dios, mi Padre y Creador, quien me ama y me invita a no buscar entenderlo todo; solo debo confiar, enfocarme en Jesús y dejar que su palabra recobre su sentido pleno en mi vida. Porque, al final, su plan siempre será mejor de lo que esperamos.
Si hoy no tienes respuesta para un "Porqué", busca una para un "Para qué".
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