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La Matutina Digital
Los Silencios de Dios
Por: Jean Carrasco - Ecuador
Juan 13:7
Ahora no entiendes lo que estoy haciendo, respondió Jesús, pero lo entenderás más tarde.
Recibí una llamada que nadie quisiera recibir. A las 6:00 a.m. sonó mi teléfono, contesté y me dijeron: "Ven rápido que tu papá está a punto de morir". Unos días atrás, mi padre entró por segunda vez a una operación de amputación.
Por razones de diabetes, la gangrena había tocado su segunda pierna. Este es un proceso doloroso, no solo para el paciente, sino también para los familiares, tanto en el aspecto físico como en el psicológico.
Mi padre entró a la operación un día sábado. La operación salió exitosa, pero había perdido mucha sangre. Al día siguiente se puso muy mal y en la madrugada se dieron cuenta de que tenía poca sangre en su cuerpo: solo 5 puntos de sangre, cuando un hombre normalmente debe tener entre 12 y 14. El cuerpo de papá estaba colapsando.
Llegué al hospital y me recibió una doctora que me dice: "Si no actuamos rápido, su papá puede morir de un paro cardíaco". La solución era colocarle pintas de sangre B+, pero en el hospital no había; lo que había era O+. Había un riesgo: que el cuerpo rechazara la sangre. Como era la única solución, me tocó firmar papeles para que pudieran colocársela, corriendo el riesgo de que eso pasara.
Cuando salí al pasillo, miré por la ventana al cielo y le dije al Señor: "Si tú estás al control de esta situación, dame una señal de que estás con nosotros". Al instante, alguien tocó mi hombro y me dijo: "Hijo, los tiempos de Dios son perfectos y este es el tiempo de Dios".
Por razones de diabetes, la gangrena había tocado su segunda pierna. Este es un proceso doloroso, no solo para el paciente, sino también para los familiares, tanto en el aspecto físico como en el psicológico.
Mi padre entró a la operación un día sábado. La operación salió exitosa, pero había perdido mucha sangre. Al día siguiente se puso muy mal y en la madrugada se dieron cuenta de que tenía poca sangre en su cuerpo: solo 5 puntos de sangre, cuando un hombre normalmente debe tener entre 12 y 14. El cuerpo de papá estaba colapsando.
Llegué al hospital y me recibió una doctora que me dice: "Si no actuamos rápido, su papá puede morir de un paro cardíaco". La solución era colocarle pintas de sangre B+, pero en el hospital no había; lo que había era O+. Había un riesgo: que el cuerpo rechazara la sangre. Como era la única solución, me tocó firmar papeles para que pudieran colocársela, corriendo el riesgo de que eso pasara.
Cuando salí al pasillo, miré por la ventana al cielo y le dije al Señor: "Si tú estás al control de esta situación, dame una señal de que estás con nosotros". Al instante, alguien tocó mi hombro y me dijo: "Hijo, los tiempos de Dios son perfectos y este es el tiempo de Dios".
Hoy papá vive, Dios hizo un milagro aunque no entendíamos su voluntad. El texto de hoy me recuerda que aunque Dios hace silencio, lo que hoy no entiendes pronto lo vas a entender. Solo Confía!
Comentarios (1)
Dios bendiga mucho a tu papá querido amigo Jean y gracias por compartir este gran milagro... Un abrazo...
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