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La Matutina Digital
El día que Dios me dejó volver (Parte 1)
Por: Luis Isaac Jácome Guerrero - Ecuador
Lamentaciones 3:22-23
Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.
Crecí en la iglesia. Desde niño escuché hablar de Dios y supe quién era Jesús. Pero a los 19 años decidí tomar distancia. No porque dudara de la fe, sino porque sentía que me estaba perdiendo muchas experiencias. Pensé que necesitaba conocer el mundo por mi cuenta.
Mientras estudiaba Derecho en Cuenca, después de terminar una semana muy intensa de exámenes, viajé con algunos amigos a la hacienda de uno de ellos para descansar y celebrar. Fueron días de risas, conversaciones largas y muy poco sueño.
El domingo regresábamos a casa. Era pleno día, pero todos estábamos cansados. En medio del viaje ocurrió algo inesperado: el conductor se quedó dormido por un momento y el auto perdió el control. El impacto fue fuerte y todo pasó muy rápido. Algunos de mis amigos necesitaron atención médica urgente.
Yo iba sentado detrás del conductor. La ventana a mi lado se rompió por completo y el vidrio salió disparado en todas direcciones. Sin embargo, ni un solo fragmento me tocó.
Aún consciente logré llamar al servicio de emergencias. Recuerdo haber terminado la llamada… y después todo se volvió oscuro.
Horas más tarde desperté en una camilla de hospital. Un médico se acercó, me revisó y dijo algo que nunca olvidaré:
“Joven, usted está bien. Puede irse a su casa”.
No entendía cómo era posible no tener ni una sola herida. Pero había algo claro en mi corazón: estaba vivo.
Mientras estudiaba Derecho en Cuenca, después de terminar una semana muy intensa de exámenes, viajé con algunos amigos a la hacienda de uno de ellos para descansar y celebrar. Fueron días de risas, conversaciones largas y muy poco sueño.
El domingo regresábamos a casa. Era pleno día, pero todos estábamos cansados. En medio del viaje ocurrió algo inesperado: el conductor se quedó dormido por un momento y el auto perdió el control. El impacto fue fuerte y todo pasó muy rápido. Algunos de mis amigos necesitaron atención médica urgente.
Yo iba sentado detrás del conductor. La ventana a mi lado se rompió por completo y el vidrio salió disparado en todas direcciones. Sin embargo, ni un solo fragmento me tocó.
Aún consciente logré llamar al servicio de emergencias. Recuerdo haber terminado la llamada… y después todo se volvió oscuro.
Horas más tarde desperté en una camilla de hospital. Un médico se acercó, me revisó y dijo algo que nunca olvidaré:
“Joven, usted está bien. Puede irse a su casa”.
No entendía cómo era posible no tener ni una sola herida. Pero había algo claro en mi corazón: estaba vivo.
Ese día entendí algo: aunque yo me había alejado de Dios, Él nunca se había alejado de mí. CONTINUARÁ.
Comentarios (2)
Tremendo testimonio de Dios, esperando segunda parte...!!!
Maravilloso Dios de oportunidades
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