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La Matutina Digital
Mirada en el cielo
Por: Bladimir Muñoz - Ecuador
Colosenses 3:2
Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
Cuando el pueblo de Dios aparta sus ojos de este mundo y los fija en el cielo, descubre su misericordia, bondad y compasión.
Ese amor demanda respuesta y transforma la vida; el Espíritu Santo guía a quienes ponen sus afectos en lo de arriba y no en lo terrenal, renovando su esperanza y fortaleciendo su fe cada día.
Al pensar en el cielo, la mente alcanza sus límites intentando comprender la anchura, la profundidad y la altura de la eternidad. Sin embargo, ese esfuerzo eleva el carácter y purifica el corazón.
Al contemplar que Cristo vino a morir por el ser humano caído, entendemos algo del precio de nuestra redención y que no hay verdadera grandeza ni bondad fuera de Dios.
A la luz de la cruz del Calvario vemos la profundidad de nuestra caída y la magnitud del rescate divino. Las realidades invisibles nos revelan el amor que nos levanta, restaura y nos llama a una vida nueva de obediencia y gratitud.
Estamos cerca del hogar. Pronto oiremos al Salvador decir: "Tu lucha ha terminado. Entra en el gozo de tu Señor". Que hermosas palabras dichas por nuestro creador, deseo escucharla de sus labios inmortales. Que Dios nos ayude y que podamos disfrutar de las alegrías de esa eternidad en ese mundo venidero.
Preparémonos con fidelidad, vivamos en su voluntad y podamos decir con gozo: "He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe".
Ese amor demanda respuesta y transforma la vida; el Espíritu Santo guía a quienes ponen sus afectos en lo de arriba y no en lo terrenal, renovando su esperanza y fortaleciendo su fe cada día.
Al pensar en el cielo, la mente alcanza sus límites intentando comprender la anchura, la profundidad y la altura de la eternidad. Sin embargo, ese esfuerzo eleva el carácter y purifica el corazón.
Al contemplar que Cristo vino a morir por el ser humano caído, entendemos algo del precio de nuestra redención y que no hay verdadera grandeza ni bondad fuera de Dios.
A la luz de la cruz del Calvario vemos la profundidad de nuestra caída y la magnitud del rescate divino. Las realidades invisibles nos revelan el amor que nos levanta, restaura y nos llama a una vida nueva de obediencia y gratitud.
Estamos cerca del hogar. Pronto oiremos al Salvador decir: "Tu lucha ha terminado. Entra en el gozo de tu Señor". Que hermosas palabras dichas por nuestro creador, deseo escucharla de sus labios inmortales. Que Dios nos ayude y que podamos disfrutar de las alegrías de esa eternidad en ese mundo venidero.
Preparémonos con fidelidad, vivamos en su voluntad y podamos decir con gozo: "He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe".
Que Dios te bendiga hoy y fortalezca tu esperanza.
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