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La Matutina Digital

Siete balas fallidas

Por: Christian Zambrano Funes - Ecuador

Salmo 91:4

Con sus plumas me cubrirá, Y debajo de sus alas estaré seguro; Escudo y adarga es su verdad.

31 de marzo. Siempre recordaré esa fecha como el día en que Dios demostró su poder y protección con una magnitud impresionante. Fue ese día cuando su poderosa mano se hizo evidente en mi vida y en la de mi esposa.

Ella y yo viajábamos hacia Guayaquil, un viaje que transcurría con normalidad. En mi mente conversaba con Dios. De pronto, una voz clara resonó en mi interior: «Observa el retrovisor, pero no aceleres». Había aprendido a escuchar y obedecer esa voz. Al mirar, vi dos motos deportivas que nos seguían. Mantuve mis 80 km/h y, aunque ellos eran más rápidos, me aferré a la indicación. Nos alcanzaron, con cuatro personas a bordo.

Nos apuntaron. Sentí el primer disparo en mi pierna izquierda, pero al moverla no había nada. Mi temor aumentó, no por mí, sino por mi esposa. Nos hicieron detener y nos encañonaron. Pero, en medio de ese terror, una paz inexplicable inundó mi ser. Sabía que Dios estaba allí.

Esa calma me permitió ver sus intenciones asesinas. Me interpuse delante de mi esposa. Pude ver cómo el que estaba a mi lado intentó disparar 7 veces más, sin resultado. El arma no funcionaba. Lleno de rabia, me golpeó, pero el arma seguía inoperante. Lo último que vi fue cómo se subían a sus motos tras desvalijarnos; el agresor se alejaba, aún insistiendo en disparar. Si yo hubiera acelerado, no estaría contando esta historia.
Perdimos bienes materiales, pero Dios nos mantuvo con vida, él nunca nos abandona.
En cada dificultad, escucha esa voz interior y confía en que Dios tiene un plan; su protección es real y su mano, tu refugio seguro.
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