365 amigos
La Matutina Digital
Una canasta misionera, un mensaje de esperanza
Por: Fernanda Zavala Trejo - Ecuador
Gálatas 6:9
No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.
Hace unos años tuve la oportunidad de organizar una actividad misionera junto a la iglesia. La actividad consistía en llevar alimentos a familias de nuestra comunidad. Como iglesia, participamos todos juntos y con alegría; al final del día agradecimos al Señor por permitirnos compartir sus bendiciones y mostrar su amor a otros.
Como fruto de esta actividad, hicimos nuevos amigos, no solo aquí en la tierra, sino también para el cielo. Una de las canastas con víveres llegó al hogar de un hombre que necesitaba conocer a Jesús. Él sabía de su existencia, pero no lo conocía personalmente. La llegada de esta canasta a su casa despertó su interés por el Dios que había enviado a unos desconocidos con alimentos para su familia.
Después de 1 año estudiando la Biblia y asistiendo a la iglesia, nuestro amigo entregó su vida a Jesús mediante el bautismo. Un año más tarde, descansó en el Señor, aguardando la bendita esperanza que hoy alienta nuestros corazones.
A veces me pregunto: ¿qué habría sucedido si aquella canasta no hubiera llegado? Sé que Dios habría provisto otros medios para llegar a él, pero decidió hacerlo de esta forma, permitiéndonos participar. No era solo una canasta; era Jesús entrando en el hogar de alguien que lo necesitaba, era su iglesia cumpliendo la misión.
Amigos, no importa si lo que damos es poco o mucho; siempre que tengamos la oportunidad de dar, hagámoslo, sabiendo que esta también es la obra del Señor.
Como fruto de esta actividad, hicimos nuevos amigos, no solo aquí en la tierra, sino también para el cielo. Una de las canastas con víveres llegó al hogar de un hombre que necesitaba conocer a Jesús. Él sabía de su existencia, pero no lo conocía personalmente. La llegada de esta canasta a su casa despertó su interés por el Dios que había enviado a unos desconocidos con alimentos para su familia.
Después de 1 año estudiando la Biblia y asistiendo a la iglesia, nuestro amigo entregó su vida a Jesús mediante el bautismo. Un año más tarde, descansó en el Señor, aguardando la bendita esperanza que hoy alienta nuestros corazones.
A veces me pregunto: ¿qué habría sucedido si aquella canasta no hubiera llegado? Sé que Dios habría provisto otros medios para llegar a él, pero decidió hacerlo de esta forma, permitiéndonos participar. No era solo una canasta; era Jesús entrando en el hogar de alguien que lo necesitaba, era su iglesia cumpliendo la misión.
Amigos, no importa si lo que damos es poco o mucho; siempre que tengamos la oportunidad de dar, hagámoslo, sabiendo que esta también es la obra del Señor.
Dios no tiene una sola forma de llegar a los corazones, sino muchas. No te limites por tus propias necesidades, porque Dios también cuida de ti y no te desamparará. Seamos hoy un canal de bendición.
Comentarios (0)
Nuestra Comunidad Global
Usuarios conectados a la Matutina Digital