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La Matutina Digital
Cuando Dios es el centro. El amor vence todo.
Por: Dayra Ordoñez - Ecuador
Eclesiastés 4:12
Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto.
El amor verdadero no es perfecto, pero sí fuerte cuando Dios forma parte de él.
Una relación formada por dos corazones y un Dios que los guía puede enfrentar cualquier prueba.
Cuando el amor es genuino "ese que cuida, que respeta, que ora, que escucha", ninguna tormenta es demasiado grande y ningún obstáculo demasiado difícil.
Dios no une a dos personas para que todo sea color de rosa, sino para que juntos aprendan, crezcan y se apoyen mutuamente.
Es en los momentos difíciles donde se revela la fuerza del amor verdadero: cuando uno cae, el otro levanta; cuando la duda aparece, la fe sostiene; cuando el mundo parece empujar hacia atrás, Dios impulsa hacia adelante.
Un amor que incluye a Dios es un amor que se perdona, que se comunica, que sana y que se renueva cada día. No depende solo de emociones, sino de compromiso, oración y la decisión diaria de caminar juntos.
Porque cuando tú, yo y Dios formamos un mismo camino, el amor no se quiebra, se fortalece.
Una relación formada por dos corazones y un Dios que los guía puede enfrentar cualquier prueba.
Cuando el amor es genuino "ese que cuida, que respeta, que ora, que escucha", ninguna tormenta es demasiado grande y ningún obstáculo demasiado difícil.
Dios no une a dos personas para que todo sea color de rosa, sino para que juntos aprendan, crezcan y se apoyen mutuamente.
Es en los momentos difíciles donde se revela la fuerza del amor verdadero: cuando uno cae, el otro levanta; cuando la duda aparece, la fe sostiene; cuando el mundo parece empujar hacia atrás, Dios impulsa hacia adelante.
Un amor que incluye a Dios es un amor que se perdona, que se comunica, que sana y que se renueva cada día. No depende solo de emociones, sino de compromiso, oración y la decisión diaria de caminar juntos.
Porque cuando tú, yo y Dios formamos un mismo camino, el amor no se quiebra, se fortalece.
Si Dios es el centro, el amor siempre encuentra la forma de permanecer y vencer.
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