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La Matutina Digital
Entre la Sanidad y la Oscuridad. Parte 1
Por: Víctor Sojo - Ecuador
Salmos 34:19
Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová.
Queridos amigos, hoy voy a redactar algo que viví con mi familia, algo que viví en el 2020. El 15 de marzo, mi familia y yo comenzamos a vivir una historia muy espectacular, se podría decir, a pesar de que mi esposa y mi hijo cayeron con el COVID en esa fecha, en ese año. Dios pudo levantar a mi familia, pudo ayudarnos a salir de esa enfermedad que era mortífera;
Pero tenemos un Dios maravilloso. Recuerdo que invité al pastor Marco Pillajo, un pastor excelente y espectacular. Él ungió a mi esposa, habló con ella y con mi hijo. Pocos meses después, mi hijo se restauró y mi esposa se levantó.
En 2021, ella de nuevo cayó con el COVID, esta vez ella sola. Seguíamos así, en la lucha. ¡Imagínese usted cómo podría levantarse si no tuviera un Dios maravilloso, si no existiera! Pero doy gracias a Dios porque, a través de Él, mi esposa pudo restaurarse del COVID.
Pero lo qué sucedió después, fue tremendo: cayó en una depresión mortífera, algo que no le deseo a ningún ser humano. Pero algo espectacular es que, a través de esas enfermedades, pude darle gracias a Dios, pude afirmarme más a Jesús, pude buscarlo más, pude comprometerme más con el evangelio de Cristo, pude predicar a más personas, pude evangelizar, pude decirles que hay un Dios de amor, un Dios de paz, un Dios que quiere sanidad en los cuerpos. Sin embargo, mi esposa estaba viviendo una terrible enfermedad.
Pero tenemos un Dios maravilloso. Recuerdo que invité al pastor Marco Pillajo, un pastor excelente y espectacular. Él ungió a mi esposa, habló con ella y con mi hijo. Pocos meses después, mi hijo se restauró y mi esposa se levantó.
En 2021, ella de nuevo cayó con el COVID, esta vez ella sola. Seguíamos así, en la lucha. ¡Imagínese usted cómo podría levantarse si no tuviera un Dios maravilloso, si no existiera! Pero doy gracias a Dios porque, a través de Él, mi esposa pudo restaurarse del COVID.
Pero lo qué sucedió después, fue tremendo: cayó en una depresión mortífera, algo que no le deseo a ningún ser humano. Pero algo espectacular es que, a través de esas enfermedades, pude darle gracias a Dios, pude afirmarme más a Jesús, pude buscarlo más, pude comprometerme más con el evangelio de Cristo, pude predicar a más personas, pude evangelizar, pude decirles que hay un Dios de amor, un Dios de paz, un Dios que quiere sanidad en los cuerpos. Sin embargo, mi esposa estaba viviendo una terrible enfermedad.
No fue fácil, pero estábamos convencidos de que Dios aún estaba con nosotros, en esos momentos difíciles. CONTINUARÁ
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