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La Matutina Digital
El perdón que sana el alma
Por: Evelyn Piza Pilozo - Ecuador
Marcos 2:5
Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.
Desde niña, una de mis historias favoritas ha sido la del paralitico y sus cuatro amigos, pero cuando la leía o la escuchaba había una frase que no entendía, "hijo, tus pecados te son perdonados" ¿Cómo? ¡si él estaba paralitico!
El paralitico sabía que su condición era el resultado de una vida de pecado y justamente eso era lo que cada día lo afligía y buscaba desesperadamente el perdón de Dios. La culpa que sentía por los errores del pasado estaban acabando con él, mental y espiritualmente estaba destrozado y su demacrado estado físico cada vez presentaba síntomas de muerte.
Hasta que cierto día su corazón se llenó de esperanza pues había escuchado hablar de las obras de un hombre que sanada y curaba a personas que estaban en la misma situación que él; obtener el perdón de pecados era su mayor deseo y lo que sucediera después sea la vida o la muerte, lo aceptaría porque sería la voluntad de Dios.
Llegar hasta donde estaba Jesús le costó mucho, pero no desistió, a pesar de las dificultades llegó en el momento justo e indicado y quedó frente a frente a su salvador, el paralitico necesitaba más la curación del alma que la curación física, y Cristo estaba dispuesto a sanarlo, darle alivio al espíritu y limpiarle el alma del pecado, y sus palabras fueron: HIJO, TUS PECADOS TE SON PERDONADOS.
Jesús no solo lo perdonó y sanó su alma, sino que también sano su cuerpo y le dijo: ¡Ponte de pie, toma tu camilla y vete a tu casa!
El paralitico sabía que su condición era el resultado de una vida de pecado y justamente eso era lo que cada día lo afligía y buscaba desesperadamente el perdón de Dios. La culpa que sentía por los errores del pasado estaban acabando con él, mental y espiritualmente estaba destrozado y su demacrado estado físico cada vez presentaba síntomas de muerte.
Hasta que cierto día su corazón se llenó de esperanza pues había escuchado hablar de las obras de un hombre que sanada y curaba a personas que estaban en la misma situación que él; obtener el perdón de pecados era su mayor deseo y lo que sucediera después sea la vida o la muerte, lo aceptaría porque sería la voluntad de Dios.
Llegar hasta donde estaba Jesús le costó mucho, pero no desistió, a pesar de las dificultades llegó en el momento justo e indicado y quedó frente a frente a su salvador, el paralitico necesitaba más la curación del alma que la curación física, y Cristo estaba dispuesto a sanarlo, darle alivio al espíritu y limpiarle el alma del pecado, y sus palabras fueron: HIJO, TUS PECADOS TE SON PERDONADOS.
Jesús no solo lo perdonó y sanó su alma, sino que también sano su cuerpo y le dijo: ¡Ponte de pie, toma tu camilla y vete a tu casa!
Amigo, Cristo está esperando por ti con los brazos abiertos, para perdonarte y sanarte en su inmenso amor y misericordia, la decisión de acercarte a Él depende solo de ti. ¿Te decides hoy por Cristo?
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