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La Matutina Digital
Corazones que marcan destinos
Por: Viviana Nieves - Ecuador
Proverbios 4:23
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana toda tu vida.
En la Biblia, el corazón no se refiere solo a los sentimientos, sino al centro de la persona: pensamientos, decisiones, deseos, intenciones y fe.
Es como la fuente principal de donde brota todo lo que hacemos y somos. Cuando el versículo dice "sobre toda cosa guardada", está estableciendo una prioridad: puedes cuidar tus bienes, tu trabajo, tu imagen, tus relaciones; pero nada es tan importante como cuidar lo que permites entrar a tu corazón. La razón es clara: "porque de él mana toda tu vida". Si el corazón está lleno de rencor, miedo, culpa o malas influencias, eso terminará reflejándose en tus palabras, actitudes y decisiones. Pero si el corazón está guardado en paz, verdad y fe, la vida fluye con dirección, sabiduría y propósito. El estado de tu corazón determina el rumbo de tu vida.
Imagina a una persona que pasó por una decepción fuerte: confió en alguien, dio lo mejor de sí y terminó herida. Al principio no lo nota, pero poco a poco empieza a guardar resentimiento en su corazón.
Dice: "ya no voy a confiar", "mejor me cierro", "todos son iguales". Sin darse cuenta, ese dolor no sanado empieza a afectar todo: sus nuevas relaciones, su manera de hablar, su ánimo, sus decisiones. Un día, esta persona entiende este versículo y se da cuenta de algo clave: no fue la herida lo que más la dañó, sino lo que dejó quedarse en su corazón.
Entonces decide perdonar, poner límites sanos, orar y soltar el pasado. ¡Vuelve la paz!
Es como la fuente principal de donde brota todo lo que hacemos y somos. Cuando el versículo dice "sobre toda cosa guardada", está estableciendo una prioridad: puedes cuidar tus bienes, tu trabajo, tu imagen, tus relaciones; pero nada es tan importante como cuidar lo que permites entrar a tu corazón. La razón es clara: "porque de él mana toda tu vida". Si el corazón está lleno de rencor, miedo, culpa o malas influencias, eso terminará reflejándose en tus palabras, actitudes y decisiones. Pero si el corazón está guardado en paz, verdad y fe, la vida fluye con dirección, sabiduría y propósito. El estado de tu corazón determina el rumbo de tu vida.
Imagina a una persona que pasó por una decepción fuerte: confió en alguien, dio lo mejor de sí y terminó herida. Al principio no lo nota, pero poco a poco empieza a guardar resentimiento en su corazón.
Dice: "ya no voy a confiar", "mejor me cierro", "todos son iguales". Sin darse cuenta, ese dolor no sanado empieza a afectar todo: sus nuevas relaciones, su manera de hablar, su ánimo, sus decisiones. Un día, esta persona entiende este versículo y se da cuenta de algo clave: no fue la herida lo que más la dañó, sino lo que dejó quedarse en su corazón.
Entonces decide perdonar, poner límites sanos, orar y soltar el pasado. ¡Vuelve la paz!
Este versículo nos enseña que no todo lo que sentimos debe quedarse, ni todo lo que vivimos debe gobernarnos. Guardar el corazón no es endurecerlo, es protegerlo con sabiduría.
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