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La Matutina Digital
Mi pantalón nuevo
Por: Estefanía Vélez - Ecuador
Salmos 23:4
Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tú cayado me infundirán aliento.
En un campamento de carnaval en San Luis de Pambil (Ecuador), se realizó una caminata hacia una montaña llamada Piedra Blanca, un lugar boscoso y húmedo, cuyo camino es muy irregular y, por lo tanto, el acceso es muy difícil. Aquel día el objetivo era llegar a ese lugar. Yo estuve indecisa y no sabía si ir o no; algo dentro de mí me dijo que no, pero al final decidí ir junto con una amiga.
Al principio de la caminata avanzamos sin tanto problema, con dificultad, pero logramos mantener el ritmo del grupo y llegamos al objetivo final cerca de las 16:30 o 17:00. Hasta ahí todo bien. Pensamos que lo más difícil ya lo habíamos pasado, sin imaginar lo que nos esperaba en el descenso.
Empezamos a descender. El camino era súper resbaladizo y algunos caían. La amiga con la que subí tomó la sabia decisión de que en cada bajada se sentaba y se deslizaba suavemente; aunque se embarraba de lodo, no se caía ni se estropeaba. Yo, por otro lado, no quería ensuciar mi pantalón nuevo y tomé la decisión de bajar con cuidado como el resto.
Lastimosamente, al poco tiempo de empezar el descenso, resbalé y caí. Mi tobillo sufrió un esguince que no me permitía caminar ni avanzar con el grupo. Mi novio, preocupado porque la noche se acercaba, llamó a siete amigos que realizaron una camilla improvisada con palos y soga. Empezaron a cargarme y, aunque varias veces caímos, llegamos a la ambulancia.
Al principio de la caminata avanzamos sin tanto problema, con dificultad, pero logramos mantener el ritmo del grupo y llegamos al objetivo final cerca de las 16:30 o 17:00. Hasta ahí todo bien. Pensamos que lo más difícil ya lo habíamos pasado, sin imaginar lo que nos esperaba en el descenso.
Empezamos a descender. El camino era súper resbaladizo y algunos caían. La amiga con la que subí tomó la sabia decisión de que en cada bajada se sentaba y se deslizaba suavemente; aunque se embarraba de lodo, no se caía ni se estropeaba. Yo, por otro lado, no quería ensuciar mi pantalón nuevo y tomé la decisión de bajar con cuidado como el resto.
Lastimosamente, al poco tiempo de empezar el descenso, resbalé y caí. Mi tobillo sufrió un esguince que no me permitía caminar ni avanzar con el grupo. Mi novio, preocupado porque la noche se acercaba, llamó a siete amigos que realizaron una camilla improvisada con palos y soga. Empezaron a cargarme y, aunque varias veces caímos, llegamos a la ambulancia.
Aunque tomes malas decisiones (como no ensuciar tu pantalón) y quedes atrapado en problemas, Dios buscará la forma de ayudarte a salir de esa montaña de problemas que tengas, así como me sacó a mí.
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