365 amigos
La Matutina Digital
Una amistad que nace del amor de Dios
Por: Orlando Castillo - Ecuador
1 Samuel 18:1
Y el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo.
Hoy me detengo a pensar en el regalo sagrado de la amistad. En un mundo donde muchas relaciones son frágiles y condicionadas, Dios me recuerda, a través de la historia de David y Jonatán, que existe una amistad que nace del alma y se sostiene por el amor divino. No fue una relación superficial ni conveniente; fue una unión profunda, tejida por Dios mismo.
Al leer este pasaje, siento que el Señor me invita a examinar la calidad de mis amistades y, sobre todo, el tipo de amigo que yo estoy siendo. La verdadera amistad ama sin competir. Jonatán amó a David aun sabiendo que él ocuparía el trono que humanamente le correspondía. Su amor fue más grande que su ambición.
Hoy comprendo que una amistad genuina no se mide por cuánto recibo, sino por cuánto soy capaz de alegrarme por el crecimiento del otro, aunque eso implique que yo quede en segundo plano. Dios me desafía a dejar de ver a mis amigos como rivales y a comenzar a verlos como compañeros de propósito. La amistad que honra a Dios celebra los triunfos ajenos sin envidia y protege el corazón del egoísmo.
Asimismo, la amistad verdadera permanece fiel en la adversidad. Cuando todos se alejaron de David, Jonatán permaneció. Arriesgó su posición, su seguridad y hasta la ira de su padre por amor a su amigo. Entiendo entonces que la amistad auténtica no se prueba en los momentos de comodidad, sino en los tiempos de peligro, silencio y dolor.
Al leer este pasaje, siento que el Señor me invita a examinar la calidad de mis amistades y, sobre todo, el tipo de amigo que yo estoy siendo. La verdadera amistad ama sin competir. Jonatán amó a David aun sabiendo que él ocuparía el trono que humanamente le correspondía. Su amor fue más grande que su ambición.
Hoy comprendo que una amistad genuina no se mide por cuánto recibo, sino por cuánto soy capaz de alegrarme por el crecimiento del otro, aunque eso implique que yo quede en segundo plano. Dios me desafía a dejar de ver a mis amigos como rivales y a comenzar a verlos como compañeros de propósito. La amistad que honra a Dios celebra los triunfos ajenos sin envidia y protege el corazón del egoísmo.
Asimismo, la amistad verdadera permanece fiel en la adversidad. Cuando todos se alejaron de David, Jonatán permaneció. Arriesgó su posición, su seguridad y hasta la ira de su padre por amor a su amigo. Entiendo entonces que la amistad auténtica no se prueba en los momentos de comodidad, sino en los tiempos de peligro, silencio y dolor.
Hoy el Señor me recuerda que ser un verdadero amigo implica lealtad, intercesión y valentía. No basta con estar presente cuando todo va bien; debo aprender a sostener, defender y orar por mis amigos.
Comentarios (0)
Nuestra Comunidad Global
Usuarios conectados a la Matutina Digital