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La Matutina Digital
La esperanza que despierta a los dormidos
Por: David Vera - Ecuador
1 Tesalonicenses 4:16
Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.
La muerte parece tener la última palabra, pero para el creyente es solo un silencio temporal.
La esperanza adventista no se fundamenta en un deseo humano, sino en una promesa divina: Cristo volverá, y los que durmieron en Él despertarán. Pablo escribe estas palabras para consolar a una iglesia herida por la pérdida.
Desde una mirada psicológica, el duelo necesita esperanza para no transformarse en desesperación. La doctrina bíblica de la resurrección sana la mente porque afirma que la separación no es definitiva.
Elena de White declara: "Para el creyente, la muerte es solo un pequeño intervalo de silencio" (El Deseado de Todas las Gentes, página. 787).
La segunda venida de Cristo será el gran reencuentro. Los salvos "los que aceptaron la gracia y permanecieron fieles" serán transformados, y los que durmieron en Cristo resucitarán con cuerpos glorificados.
Esta verdad redefine nuestra manera de vivir hoy: no vivimos para lo temporal, sino para lo eterno. Si Cristo viene pronto, nuestra vida necesita reflejar esa esperanza.
La esperanza adventista no se fundamenta en un deseo humano, sino en una promesa divina: Cristo volverá, y los que durmieron en Él despertarán. Pablo escribe estas palabras para consolar a una iglesia herida por la pérdida.
Desde una mirada psicológica, el duelo necesita esperanza para no transformarse en desesperación. La doctrina bíblica de la resurrección sana la mente porque afirma que la separación no es definitiva.
Elena de White declara: "Para el creyente, la muerte es solo un pequeño intervalo de silencio" (El Deseado de Todas las Gentes, página. 787).
La segunda venida de Cristo será el gran reencuentro. Los salvos "los que aceptaron la gracia y permanecieron fieles" serán transformados, y los que durmieron en Cristo resucitarán con cuerpos glorificados.
Esta verdad redefine nuestra manera de vivir hoy: no vivimos para lo temporal, sino para lo eterno. Si Cristo viene pronto, nuestra vida necesita reflejar esa esperanza.
Vive hoy con los ojos puestos en la eternidad. Afirma tu fe, consuela a otros con esta promesa y renueva tu compromiso de estar entre los que se levantarán para vida eterna.
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